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Los discursos en las ciencias históricas o ¿quién escribe la Historia?

Los discursos en las ciencias históricas o ¿quién escribe la Historia?

Por: Sandra Cristina Hernández Gutiérrez

"El ensayo es la ciencia sin la prueba explícita".

J. Ortega y Gasset

¿Cuál es la verdadera la historia?...la que escriben los que vencen, la que convence, o al menos confunde. Esa es, la historia de la humanidad, dibujada tras el paso del tiempo y sus variables concepciones, discursos e historiadores.

Tras la fisonomía de las historias encontramos un páramo desde donde diferentes escuelas instruyen diferentes formas de pensar y de ver acontecimientos del pasado. Detrás del análisis de cada sociedad humana, el sabio permitió encontrar en el pasado las causas que dieran origen a los hechos ocurridos en el presente, pero a través de diferentes visiones.

Fue Polibio, un sabio de la antigüedad, quien por primera habló sobre la concepción cíclica de la historia, un resultado compatible con el progreso, pues relaciona unas culturas con otras. Donde las sociedades o culturas son las protagonistas de la Historia.

Pretendo mostrar cómo el desarrollo social y la conducta humana actual, no son logros del presente, sino que se apoyan en el conocimiento de los hechos pasados; y que el conocimiento es una progresión de ideas y acciones que se juntan y han sido transmitidos a través de las épocas. (J. Jaramillo. La aventura humana). 

La historia es el resultado de quien la cuenta, del que la escribe y describe. En el siglo XVIII el conocimiento histórico era un simple relato de hechos salvados, es cuando el hombre comienza a preguntarse por su pasado. Pero entonces surge el problema de que los dominantes confundieron su pasado con el la colectividad y consideraron los hechos  históricos como objeto de la historia.

Mientras no haya agua suficiente en un pueblo, casi no se piensa en otra cosa. Cuando al fin se instala un medio de abastecimiento, ya no se piensa en el agua. La abundancia mata el deseo y hace nacer aspiraciones nuevas. (J. Figueres 1973)

La interpretación del hecho histórico como realidad aséptica y objetiva, no surge hasta que el positivismo (Ranke) asume que para hacer historia basta con dejarse llevar por los documentos. Se renuncia a la interpretación.

Hechos que solamente eran contados por los que podían hacer la historia- a su Imagen y Semejanza- para un pueblo que solo quería escuchar la verdad de los vencedores.

El positivismo deviene en una negación del sujeto al margen de unas estructuras del saber que se ve incapacitado para desarrollar ideas propias, negando a su vez el uso crítico de la información que sus percepciones le ofrecen, resultado en una negación del objeto.

Es la  defensa de una noción de objetividad en que el conocimiento del objeto de estudio se halla empañado por la experiencia subjetiva.

La legitimación histórica de los discursos proviene de la interrogante ¿qué es la verdad? ¿Cuál es el método de conocimiento y validación para llegar a ella? Resulta dos respuestas enfrentadas entre sí; una establece una separación entre información procedente del objeto de estudio e información procedente del sujeto, y afirma una diferencia radical entre sujeto y objeto optando por potenciar uno de los dos.

La historia era la reconstrucción de la "memoria" tal cual se desprendía de las fuentes; era la reconstrucción de los hechos tal como habían sucedido; era la ciencia de lo particular. De más está decir, que un conocimiento histórico encerrado en estos estrechos límites, pronto debía evidenciar su incapacidad explicativa, sobre todo, una vez que comenzaron a fortalecerse las otras ciencias sociales. Pero dentro de los marcos de su época, la historia historizante significó un aporte concreto al conocimiento histórico.

Hasta entonces las categorías del pensamiento premoderno se habían basado en una comprensión de la existencia humana centrada en la repetición cíclica de una identidad originaria arquetípica.

Con el paso del tiempo las ciencias históricas fueron definiéndose en su tarea como esencialmente heterogéneas respecto a las naturales. Ya aparece el materialismo histórico oponiéndose radicalmente al positivismo.

Se inicia la puesta en marcha de la historia de las estructuras representada por corrientes como la escuela francesa de "Annales" y el marxismo como teoría general del movimiento histórico, heredera directa del proyecto de progreso moderno en su modalidad alternativa a la originaria fórmula liberal.

Más allá de sus encuentros y diferencias estas tendencias incluyen como novedad un nuevo modo de gestión textual del concepto histórico del tiempo.

Es a través de la noción de estructura, que estas dos escuelas analizan la historia, la cual pretende ser un principio de causalidad interna entre los fenómenos históricos de mayor alcance que la superficial narratividad de la historia-relato positivista.

En este caso, una teoría mas completa sobre la interpretación de la historia, sus métodos tiende a definir adecuadamente las categorías históricas: modo de producción, formación económico-social, relaciones de producción.

Este método no es una herramienta que pueda abandonarse después de usada. En su aplicación cotidiana todo el pensamiento no autónomo ni sistemático se pierde en el olvido, porque el camino del conocimiento del mundo es el camino del conocimiento de la relación que con el mundo tenemos como seres cognoscentes.

No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el contrario, la realidad social es la que determina su conciencia". (P.37-38 del Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política).

En las escuela marxista este discurso depende de las condiciones subjetivas y de la conciencia revolucionaria del cambio. Donde la conciencia no puede desarrollarse sin una consistencia ideológica, dado que es conciencia de pertenencia a un colectivo, de su origen, su destino, sus reivindicaciones y sus estrategias de lucha.

La superestructura es el ámbito en donde surgen el pensamiento revolucionario y las teorías acerca del conflicto. Es la contradicción empuja al cambio de conciencia, y una vez reunidas estas condiciones supra e infraestructurales, la revolución económica origina un cambio en las instituciones políticas. O sea, las contradicciones están fuera, pero hasta que el sujeto no las percibe no puede superarlas.

Resulta un método poderos de describir la historia, un análisis desde donde el hombre y sus contradicciones es el principal protagonistas. Es el análisis concreto de las sociedades humanas y su desarrollo. El marxismo optó por estimular algo más el análisis coyuntural como vehículo estimulante de un proyecto de progreso firmemente asumido desde los parámetros de la igualdad y libertad.

En Cuba, tras el paso de la Revolución de 1959, se asumió este discurso histórico, el que ha sido aplicado durante 50 años consecutivos sin nuevos métodos ni análisis sobre las características nuestras.

Desde este discurso la historia se empleó como un instrumento en la lucha ideológica y que, al no ir más allá de la unión esquemática entre teoría y exposición, el resultado es una historia desde arriba que se centra en las acciones y decisiones de personalidades conspicuas, que se diferencia de la historiografía burguesa en su posicionamiento ideológico y acción política.

El resultado es lo irreverente parcial del discurso, en busca del extrañamiento de una "realidad" que no sólo subsiste en la tensión  entre interminables "juegos del lenguaje", sino, también, en los actos concretos en los que éstos tienen lugar.

La escuela de Annales muestra tres niveles de interpretación: en relación a su época, a la interacción con las otras ciencias sociales y al estado de desarrollo de la disciplina histórica misma.  

Desde el momento de fundación de la revista —1929— a la fecha, la "escuela" de los Annales, ha recorrido tres grandes fases que esquemáticamente podemos resumir en los siguientes grandes momentos: el nacimiento de los Annales, período en el cual los precursores se dieron a la tarea de fundar una nueva corriente historiográfica; los años de Braudel, que constituyen una etapa de transición entre el proyecto originario y la "nueva historia" y, finalmente, esta última fase, que podríamos definir como los años de la dispersión del discurso histórico en Francia. El recurso a la historia total, el reconocimiento de la relación pasado/presente en la escritura de la historia y la historia-problema.

Muy cercana a estos postulados se situaba la crítica marxista, para la cual el individuo está socialmente determinado y su conocimiento y actividad no son abstractos sino concretos vinculados indisolublemente a una praxis.

Marc Bloch y Lucien Febvre, en su oposición al reduccionismo político de la corriente historizante, insistieron en que la historia no debía circunscribirse a los aspectos políticos, militares y diplomáticos, sino que debía interesarse también por los otros campos, variables y procesos que intervienen en el curso de la historia.

"Historia, ciencia del cambio perpetuo de las sociedades humanas", L. Febvre

Braudel innovó en el campo de la historia al introducir, en la explicación de los hechos históricos, las "duraciones" (la corta, la mediana y la larga duración).

La metodología ofrecida por Fernand Braudel para afianzar lo propuesto por Febvre se va fundamentar en la integración del espacio y la geopolítica en el discurso histórico; a partir de lo cual configura un discurso funcionalista en el que el papel del individuo es reducido al mínimo posible.

Braudel ideó una estructura caracterizada por sus distintos ritmos de evolución: la “geohistoria”, la estructura social de los “destinos colectivos y movimientos de conjunto”, y “los acontecimientos, la política y los hombres”.

Pero sucede que esta estructuración crea un esquema holista en el que no encontramos relación causal entre sus partes. Al enmarcarlo todo en una explicación determinista, apenas aporta datos de la transición del feudalismo al capitalismo.

La principal novedad teórica con la que suele asociarse la escuela de la ‘nueva historia’ en el ámbito científico, es la idea de la multiplicidad de tiempos históricos, de diferentes planos temporales y velocidades, en los que, y con las que, se mueven los procesos históricos. Se trata, antes que nada, de la contraposición en la historia de la ‘duración larga’ frente al tiempo ‘corto’.

El proyecto Annales recoge otra característica de los años de posguerra: el rechazo a la política, núcleo central de la historiografía tradicional. El descrédito de la vida partidaria, la visualización del Estado como cuerpo extraño a la sociedad, la imperiosa búsqueda de vías nuevas, la corrupción de los políticos, el ascenso de los movimientos fascistas.

Los Annales no pretendían narrar los acontecimientos, sino conceptualizar y problematizar el desarrollo histórico. El proyecto Annales en alto grado fue la revelación de un discurso histórico en oposición al discurso histórico dominante.

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