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Terrorismo, ni pizca de veracidad

Ya se ha convertido en un ejercicio mecánico en la prepotente política norteamericana el erigirse juez universal de todas las “maldades y pecados”, menos de los propios.
En consecuencia, este año, para seguir la vieja rutina instaurada desde 1982, el Departamento de Estado volvió a colocar a Cuba en su lista particular de naciones defensoras del terrorismo a escala global.
Pero, ?cómo van a poner en esa relación al pequeño país del Caribe?, donde casi seis mil de sus ciudadanos han muerto o resultaron mutilados por acciones violentas perpetradas por elementos extremistas de ultraderecha radicados en su mayoría, con entera libertad de acción, en el territorio norteamericano.
Desde luego, Cuba volvió a rechazar con energía esa campaña de desprestigio orquestada por las autoridades gringas, y exigió por medio de su cancillería que Washington aplique la justicia contra terroristas confesos como Luis Posada Carriles, libre en las calles de La Florida, y ponga fin al deshumanizado encarcelamiento de Los Cinco patriotas cubanos condenados por tribunales norteamericanos por defender a su Patria de semejantes actos de barbarie.
Al final, es de imaginar que mucha gente honesta se pregunte por las "pruebas" de los Estados Unidos para fundamentar tal acusación contra Cuba, cuando está por ver aún el acto de esa naturaleza atribuible con entera seriedad a la mayor de las Antillas en cualquier parte del planeta.
En cambio, si se revisan algunos datos de esta truculenta historia, no solo salta a la vista que los terroristas amparados por Washington han atacado reiteradamente a la Isla, sino incluso han llegado a actuar sin tapujos ni freno en el propio suelo norteamericano, creando situaciones muy comprometedoras y riesgosas para aquella sociedad.
Orlando Bosch, por ejemplo, uno de los promotores junto a Posada Carriles de la destrucción de la nave aérea cubana frente a las costas de Barbados con 73 personas a bordo, y que encontró refugio seguro en Miami por la dispensa del ex presidente George Bush padre, no tuvo reparos en atacar con una bazuca al edificio sede de Naciones Unidas, en Nueva York.
Terroristas de origen cubano, entre ellos el propio Posada Carriles, estuvieron implicados en el asesinato en Texas del presidente demócrata John F. Kennedy, en 1963.
Esos grupos hicieron volar en pedazos en pleno Washington a Orlando Letelier, ex ministro del derrocado gobierno de la Unidad Popular, en Chile, y mataron a balazos en las congestionadas calles de Nueva York al diplomático cubano Félix
García Rodríguez, en septiembre de 1980.
Tales pistoleros se encargaron también de asesinar a figuras de la comunidad cubana en el exterior proclive al diálogo con la Isla, como Luciano Nieves, Eulalio José Negrín, y el joven radicado en Puerto Rico, Carlos Muñiz Varela.
Solo desde febrero de 1975 a julio de 1983, según registros publicados en La Habana, los grupos terroristas de origen cubano radicados en los Estados Unidos cometieron al menos 26 ataques con bombas contra igual número de instalaciones norteamericanas: desde oficinas de correos, entidades comerciales, aeropuertos, almacenes, restaurantes y hasta un oleoducto en Alaska, como parte de subsanaciones para evitar, por medio de la titulada “guerra por los caminos del mundo”, cualquier flexibilización de la política hostil de Washington hacia La Habana.
Y luego escuche usted, año tras año, como el padre y protector de semejante plaga levanta su diestra para imponer títulos de asesinos a cuantos en el mundo se les antoje, con el fin de seguir justificando la hostilidad sempiterna hacia aquellos quienes dicen no, y defienden a brazo partido su integridad y dignidad ante las bravatas del poderoso embustero. (Por Néstor Núñez, AIN)

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