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Periodismo de Investigación: de su historia y otras cuestiones.

Periodismo de Investigación: de su historia y otras cuestiones.

 

No resulta sencillo, como afirma Carlos A. Sorino, en su artículo publicado en sala de prensa, “El periodismo de investigación, a juicio .Los imperdonables”, ni en términos académicos ni en términos mediáticos, definir las características esenciales que identifican al Periodismo de Investigación. Ni siquiera resulta sencillo definir al periodismo "a secas". El conflicto se remonta a los mismísimos orígenes de este oficio, aunque bien podría sintetizarse en las palabras de dos ex "magnates" de la prensa del hemisferio norte. El norteamericano William Randolph Hearst -inmortalizado por Orson Welles en su Charles Foster Kane de "El ciudadano"- lo definió así: "periodismo es eso que va entre los anuncios". Por su parte, el inglés y menos famoso Lord Northcliffe sentenció que "sólo es noticia aquello que alguien quiere ocultar; lo demás es publicidad".

Adentrarnos en el tema del periodismo de investigación sin reflejar los antecedentes de esta modalidad periodística resultaría demasiado abrupto para nuestro estudio. Razón esta por la cual, antes de referirnos a las definiciones y características del término, haremos un sintético recuento de su origen, sin pretender profundizar o hacer un recorrido exhaustivo de la historia.

Tesis muy diversas versan sobre la controvertida temática, hasta el punto en que no existe un consenso al respecto. Algunos autores niegan la existencia de antecedentes y otros se remontan a cientos de años atrás, cuando aún no se hablaba literalmente al respecto pero se ejercía el periodismo de investigación.

El profesor titular de periodismo de la Universidad de Oriente, Heriberto Cardoso Milanés coincide con otros especialistas en que el término periodismo de investigación comienza a utilizarse después de la década del sesenta, a raíz del escándalo de Watergate (1972) con la publicación del libro Todos los hombres del Presidente de Carl Berstein y Bob Woodward, periodistas del Washington Post.  

Pero si bien es cierto que este aquelarre inaugura una nueva era para el periodismo, otra realidad complejiza la historia. Para el periodista e investigador norteamericano William Gaines, “el periodismo investigativo no comenzó en el caso Watergate; durante cientos de años antes de ese escándalo esta modalidad fue reconocida, con distintos nombres, como buen periodismo” (Gaines, 1996: 3)

Se refiere Gaines al surgimiento del término muckrakers[1], cuando ya, desde principios del siglo XX,  comenzaba a consolidarse el sistema de producción capitalista, la industrialización, el auge de los monopolios del petróleo y del sector empresarial. Lo “periodistas rastrilladores”, se dedicaron, en este campo, a denunciar hechos de corrupción o lo que detectaban como negociados. Sin embargo, la ofensa a este sector profesional devino algunos años después orgullo y autodefinición. Dentro de estos periodistas rastrilladores encontramos a Upton Sinclair, Morton Mitz, Meter Weiss, Ida Turmball.

Los muckrakers empezaron a ventilar los negociados y la corrupción de la clase dirigente y empresarial norteamericana en la prensa liberal de este país. En 1902 y durante dos años, Ida Tarbell publicó dieciocho artículos sobre “La historia de Standard Oil”, una penetrante denuncia contra el magnate Rockefeller. En 1906 Upton Sinclair investigó las insalubres condiciones de trabajo en los mataderos de Chicago; el también novelista John Steinbeck denunció en The San Francisco Examiner las condiciones infrahumanas de los campos de inmigrantes en California. En 1905 Ray Stannard Baker publicó una investigación en cinco entregas sobre los trusts propietarios de las compañías ferroviarias. Y en 1906 Edwin Markham, en Cosmopolitan, denunció la contratación de niños por las grandes fábricas norteamericanas para abaratar costos.

Otros antecedentes destacan la figura de Emile Zolá, con Yo Acuso, publicado en forma de carta abierta en el diario L’Aurore el 13 de enero de 1898. También existió un fotoperiodismo de investigación en Europa, e incluso en varios países latinoamericanos, aunque en e     en estos un poco mas recientes, como es el caso de la revista mexicana PROCESO, bajo la dirección de Don Julio Scherer García fundada en 1976.

Otros nombres podrían citarse: Gregorio Selser, Juan Gelman, José Steinleger, Stella Calloni, Carlos Facio, Horacio Verbitsky, entre muchos otros. Pero el mayor obstáculo que encontraron estos profesionales en la realización de sus investigaciones fue la recia represión y censura establecida en la mayoría de los países suramericanos durante las diversas y variadas dictaduras que azotaron la región

En toda esta historia, un detalle importante es el surgimiento de otros medios como la televisión y de la radio, que desde su irrupción le restaron    espacio a la prensa tradicional. A los periódicos sólo le quedaba profundizar en los acontecimientos. Gana importancia entonces,  del reportaje, así como otros géneros del periodismo destinados a informar y analizar las causas y consecuencias de los hechos; sus protagonistas y demás detalles no presentados por los medios que ostentan la ventaja de la inmediatez.

El surgimiento del periodismo interpretativo o explicativo deviene exigencia de las grandes mayorías en los momentos de crisis social, económica o política, como respuesta a las interrogantes que se hace el público sobre las causas de los fenómenos que ocurren a su alrededor.

A partir de 1968, en los años de la conmoción cultural colectiva, vivida por el periodismo norteamericano, se puso de relieve en Estados Unidos una nueva generación de profesionales inconformistas, que se permitían la osadía intelectual de poner en tela de juicio la confiabilidad y pertinencia de las fuentes oficiales en el proceso de producción de las noticias. (Martínez Albertos, 2001)

 El desarrollo de la guerra de Vietnam y la derrota de una gran potencia militar como Estados Unidos, después de haber utilizado todo tipo de armas convencionales y no convencionales, la muerte de millones de soldados y la pérdida de cientos de billones de dólares de su economía, hizo pensar al  público que había algo oculto.

Ese algo lo denunció The New York Times en los llamados Papeles del Pentágono, trabajo que no puede clasificarse como un caso de periodismo investigativo, porque no fueron los periodistas de ese diario quienes hicieron la investigación, sino un psicólogo de la marina estadounidense que la entregó a ese diario y este la procesó y publicó.

Desde la época del Teatro Documental de Peter Weiss y Hans Magnus Ensensberger, queda bien definido el objetivo general que debe regir la investigación periodística: hurgar en los asuntos oscuros que silencian las personas con poder, y que son de sobrado interés público.

En fin, ya la sociedad cuenta con importantes trabajos de investigación que han marcado hito en la historia del periodismo. Reconocidos títulos como Todos lo hombres del Presidente y Los días finales (Carl Berstein y Bob Woodward), Operación Masacre y El caso Satanowsky (Rodolfo Walsh), Operación Condor (Stella Calloni), Informe Kissinger contra Centroamérica (Gregorio Selser), Cabeza de Turco (Gunter Waltraff), Hasta no verte Díos mío (Elena Poniatowska), entre otros, son ejemplos clásicos del Periodismo Investigativo.

 



[1] Denominación dada por el presidente norteamericano Theodore Rossvelt (1901-1909) a los periodistas que, según él, imitaban al rastrillador de estiércol, que rehusa ver todo lo que es elevado en la vida y centra su atención sólo en lo que es vil y degradante. Paradójicamente, no mucho tiempo después, el término “muckrakers” sería un elogio para aquellos periodistas que buscaban en el trasfondo de los hechos hasta encontrar en ellos elementos no revelados. [Reyes, Gerardo, cit. por Cardoso, Periodismo de investigación ¿un nuevo género?  Disponible en http//www.saladeprensa.org/art388.htm, septiembre, 2002.]

 

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