La otra parte de la historia.
Por: Sandra Cristina
Quienes desconocen la extensa trayectoria del periodismo cubano, quizás piensen que las características de nuestra prensa socialista se asentaron desde el mismísimo surgimiento de los medios de comunicación en las filas del grupo especializada en informar y orientar al pueblo. Sin embargo, antes del triunfo de enero de 1959, otra historia acontecía.
El siglo XX deviene momento exclusivo para el desarrollo de la profesión periodística en Cuba. El advenimiento de una serie de hechos, aparejados a la marcha de la República Neocolonial (1902-1958) otorga a la prensa cubana características excepcionales en su historia. Ofrecemos, pues, un recorrido por la situación del periodismo en tan singular etapa.
Dentro del progreso al cual nos referimos, no podemos dejar de citar algunos acontecimientos que menciona Juan Marrero en Dos siglos de periodismo en Cuba como son la irrupción de las nuevas tecnologías de impresión y la inserción de la fotografía como elemento fundamental en revistas y periódicos. Además, el nacimiento de un servicio que las empresas periodísticas más solventes incorporan a las redacciones: las agencias cablegráficas. (Marrero, 1999)
Irrumpe la segunda década de la centuria y la perla de las Antillas se anticipa a sus vecinos de América Latina para ser la primera en establecer la radio en 1922, aunque la inauguración oficial no ocurre hasta un año después por Luis Casas Romero. Luego, a mediados de siglo se incorpora a los medios ya existentes, uno más completo y aglutinador: la Televisión[1].
Todos estos acontecimientos repercuten considerablemente en la agilidad, actualidad y dinamismo del ejercicio periodístico; sin apartar el espacio cada vez mayor que ocupan la propaganda y la publicidad dentro del sistema de los medios de prensa. Precisamente el desarrollo de este fenómeno, garantiza en extraordinaria medida el sostenimiento y avance indiscutible de tantos periódicos, emisoras y canales de TV en esa época[2].
A la par de ese oportuno desarrollo, la sombra capitalista resguarda sus intereses en cada sector de la nación cubana. Según Ernesto Vera y Elio Constantín en El periodismo y la lucha ideológica, durante los años de la república mediatizada la prensa dominante en Cuba tuvo un carácter netamente imperialista, reaccionario como consecuencia de la situación semicolonial.
Ambos autores resumen en El Periodismo y la lucha ideológica, las características de esta prensa del modo siguiente:
- Fue un medio utilizado para negar y ocultar las mejores tradiciones de las luchas independentistas de nuestro pueblo.
- Fue un permanente difamador de la ideología de la clase obrera, el marxismo-leninismo, y su más firme exponente: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) primero y, posteriormente, también los demás estados socialistas.
- Apoyada en falsos valores, trató de sembrar en la conciencia de nuestro pueblo la frustración, el conformismo, el fatalismo geográfico y político y, muy especialmente, el anticomunismo. ( Vera y Constantín, 2006: 20 y 21)
Resulta preciso añadir que durante los años de la Segunda Guerra Mundial la campaña antifascista que se llevaba mundialmente también tuvo ecos en Cuba. Durante ese período gubernamental Fulgencio Batista —el hombre fuerte de Cuba— “que era muy hábil, muy sagaz en la politiquería, le dio apoyo a los periodistas para fundar el Primer Colegio de Periodistas de América Latina (1943) y para hacer antes el Primer Congreso de Periodistas cubanos en el año 1941”.
De esta manera, la prensa dominante se imbricaba a los intereses del régimen con todo el apoyo propiciado por Batista y las subvenciones del gobierno. Sin embargo, como expresión del auge de las luchas revolucionarias “se dan determinadas condiciones[3] que permiten la circulación legal de alguna prensa revolucionaria”.
Algunos años después la agudización de la campaña anticomunista patrocinada por Estados Unidos contra el campo socialista obstaculiza esta “apertura informativa”.
Durante el período de los gobiernos auténticos y principalmente en el que correspondió a Carlos Prío [4] la embestida contra las ideas revolucionarias, principalmente las marxistas y leninistas alcanzó niveles sangrientos. Prío optaba por mantenerse indiferente ante los severas críticas que denunciaban sus fechorías, presumimos que debido a su conformidad con una buena suma de billetes al retirarse del gabinete presidencial.
Con el golpe de estado de Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952, bien distinta sería la situación del periodismo. No obstante, podemos resumir que la seudorrepública resultó fecunda en publicaciones de todo tipo. El periodismo militante pudo desenvolverse en la legalidad y semilegalidad salvo en regímenes dictatoriales como los de Gerardo Machado y el ya mencionado Fulgenio Batista.
El rostro de la prensa escrita
Se hace referencia a dos tendencias dentro de la prensa cubana antes del triunfo revolucionario de 1959; una dada por el servilismo a los intereses del régimen (prensa dominante) y otra que repudia la injusticia y abraza las transformaciones políticas profundas.
Dentro de la primera no podemos dejar de mencionar a las grandes empresas periodísticas de Cuba: Diario de la Marina (1844), El Mundo (1901) y El País (1941).
Diario de la Marina, durante los años de gobierno auténtico no denunció los robos ni el gangsterismo aunque sí aprobó la práctica del divisionismo en la clase obrera y la imposición del mujalismo. Tampoco lo hizo el diario nacido en los albores del siglo. “Sus intereses «serios» estuvieron muy por encima del pueblo. Pero se las arreglaba para mantener una aparente equidistancia entre el poder y sus adversarios”
A diferencia de los ya aludidos, El País representaba a todas luces los propósitos del liberalismo. Pero no rechazó a los candidatos del autenticismo y mucho menos condenó los manejos corruptos de los supuestos adversarios. (Vera y Constantín, 2006)
Pueden incluirse también en esta tendencia reaccionaria a otros periódicos cuya política dependía de los intereses del gobierno de turno. Pero consideramos que no pueden faltar en este recuento algunos como Alerta (1936), Avance y El Crisol, que son considerados “hijos” de los grandes diarios mencionados anteriormente.
Contrarios a estos periódicos subordinados a la burguesía nacional surgieron otros preocupados por la defensa de los intereses del proletariado y de los sectores más humildes del pueblo. Justicia[5], Bandera Roja[6], La Palabra y Línea, fueron antecedentes sobresalientes de la publicación Noticias de Hoy (1938) y que desempeñó un extraordinario papel como servidor de la causa antiimperialista del pueblo cubano, de la lucha contra la explotación, por el socialismo y la paz” (Marrero, 1999: 50)
La década del 30 devino momento propicio para la circulación de la prensa comunista y revolucionaria. Incluimos además en esta secuencia de voceros de las ideas justas a El centinela,[7] Mella[8], La Palabra, la revista Masas y Mediodía. A diferencia de la corta duración de estas publicaciones, Noticias de Hoy disfrutó de una existencia legal en etapas semidemocráticas. Sufrió después el asalto, la persecución y la censura hasta ser clausurado definitivamente a raíz del asalto al Cuartel Moncada en julio de 1953.
El período posterior al cuartelazo del 10 de marzo de 1952, suscitó la concurrencia de una prensa llamada por Vera como “prensa masiva”, al referirse a la nacida en la clandestinidad y que figura como clave dentro de los momentos de la historia del periodismo progresista en cuba antes del triunfo de la Revolución. No adentraremos nuestro análisis en esta etapa pues no se circunscribe al marco de nuestra investigación y sí la consideraremos para futuras investigaciones.
[1] Sobre estos detalles del surgimiento de la radio y de la televisión supimos a través de la entrevista realizada a Ernesto Vera y en Dos siglos de periodismo en Cuba.
[2] Cuando mencionamos esa época, nos referimos a los años vividos en la Cuba Neocolonial, de 1902 a 1958 donde los gobiernos de turno garantizaban los intereses imperialistas de los EE.UU. en la Isla de Cuba.
[3] Estas condiciones están matizadas por el auge del movimiento revolucionario mundial y la lucha contra el nazi fascismo.
[4] Ver Capítulo II “Historiando a un auténtico”
[5] Según Ernesto Vera y Elio Constantín, en 1924 fue fundado el primer periódico marxista-leninista, bajo el rótulo Lucha de clases, denominado luego Justicia.
[6] Ambos autores añaden que como antecedente de Bandera Roja surgió El Trabajador (1931), órgano del primer partido marxista-leninista.
[7] El Centinela (1934) se editaba específicamente para las células comunistas del ejército y la marina de guerra.
[8] Este periódico revolucionario era dirigido por Defensa Obrera Internacional(DOI), filial cubana del Socorro Rojo Internacional.
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